RAFA MILLAN… CONTINUACIÓN

Las palabras que vas a leer a continuación están extraídas del libro de Rafa Millán y me parece que son muy interesantes para situarnos en el tema de las terapias personales a la hora de hacer una evolución y trasformación personal… Espero que os aporten lo mismo que me han aportado a mí.

Sobre este tema Rafa comenta lo siguiente…

“La terapia no es una técnica. Es justo lo contrario aunque también tenga algo de técnica. La terapia implica y pone en juego lo más central y nuclear de lo que somos. Y no solo por parte del paciente, sino también del terapeuta.

Para el psicólogo, su personalidad es su herramienta de trabajo, la capacidad de empatizar y abrirse al otro es un bisturí, su calidad profesional y su calidad humana. Y, en cierto sentido, son buenos terapeutas en la medida en la que son buenas personas. Por eso hay algunos que nunca podrán ser buenos terapeutas.

Lo siento.

Para mí el paciente es una persona completa y viva, un interlocutor de pleno derecho, un adulto con criterio propio y diferente al mío, una persona libre y responsable o alguien que está en vías de llegar a serlo, y no un trastornado que tiene una depresión como el que tiene una pancreatitis o un tío en Alcalá.

Yo trato personas no enfermedades; no soy un sanitario sino un humano y como tal me pongo en juego entero y verdadero, con todos y cada uno de mis pacientes.

Y estoy firmemente convencido de que el consultante que viene a terapia no hay que mirarle desde arriba, desde la posición clínica, como técnico de bata blanca que tiene las claves de la salud y la enfermedad, sino que hay que mirarle a la altura de los ojos, de igual a igual.

Somos nosotros, los terapeutas, los que estamos a su servicio y no al revés.

Un psicólogo es o debería ser justo lo contrario, el que abre su corazón, de tú a tú, y se expone, a pecho descubierto, a la subjetividad del otro. Y, si la terapia funciona, los dos acabarán tocados y transformados, no hay vuelta atrás.

Un terapeuta debe ser apenas un alma humana. Tener la capacidad de hacer lo que más asusta: abrirte al otro y reconocerlo como un igual. Ama con él y sufre con él. Siente su ansiedad y su miedo, que también son el tuyo…. Y cuanto menos protocolos de por medio, mejor. Yo como terapeuta, solo soy una persona que intenta ayudar a otra. Nada más y nada menos. Ésa me parece la forma más digna y honrada de entender mi trabajo.

Me da miedo confesar que para mí la clave de la terapia y de la vida es hacerlo todo a corazón abierto, especialmente tratar a los demás de corazón a corazón.”

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