RAFA MILLÁN… GRAN TERAPEUTA

4295c6cc-d7c5-4ffb-9ae4-7a84bda9304bEl post de hoy va a tratar sobre el libro de Rafa Millan, un gran psicólogo,filósofo y humorista dedicado a la comprensión y el manejo de trastornos mentales o como él dice… dificultades de la vida, no por eso menos dolorosas que las enfermedades físicas. El libro de Rafa es un libro que no puedes dejar de leer… Aunque el título puede resultarte agridulce… os invito a abrir vuestra mente y a informaros, no os va a dejar indiferntes.
Os invito también a suscribiros a su canal de YouTube que lleva como nombre, psicología y espiritualidad, donde encontraréis muy buena información.
Empezaremos el prefacio escrito por Javier Esteban:
“Cuando Rafa Millán estudiaba su carrera de psicología, asistían a las jornadas wilberianas y de antipsiquiatría proclamando la abolición de la locura y la existencia del alma. Sospechaban que en el nombre de la salud mental se habían cometido algunos crímenes contra la humanidad. Y Rafa era el que corroboraba esos crímenes. Rafa hablaba a sus compañeros horas y horas de los males de la psicología, del control mental de millones de seres humanos por medio de la prescripción de las drogas legales. Pero sobre todo, argumentaba incansable contra la hegemonía de un mundo materialista que niega toda posibilidad de trascender al ser humano. Rafa Millán comenzó a divulgar desde la asociación contracultural Mandala la psicología alternativa en la publicación Generación XXI.
Rafa iba templando sus armas, brillante y certero espadachín dialéctico, incansable conocedor.
Este libro dice cosas muy serias de un modo jocoso. El escritor que hay en Rafa ejerce con una pluma casi invisible que baila sobre estas páginas como si quisiera romper con algo muy serio.

Y Rafa, reflexiona con respecto al uso de las palabras de la siguiente manera…

Cuidado! Las palabras no son inocentes. Algunas pinchan o se nos quedan pegadas, sobre todo, si victiman o estigmatizan. Su tesis es que lo que llaman las enfermedades o trastornos mentales como la fobia, bipolaridad, esquizofrenia,… no significan nada; son más bien distractores que ocultan y deforman la realidad. Los magos lo llaman misdirection, llevar la atención a otro sitio para despistar y disimular la trampa. Y no es para menos, porque si miras directamente a la “depresión” y a la “ansiedad” se les ve el truco.
Las enfermedades mentales ni son enfermedades ni son mentales. Son más bien problemáticas de la vida.
Aunque sean, con perdón, problemáticas muy jodidas. Lo que, por desgracia, sí existe (y vaya que sí) son los problemas humanos y el sufrimiento afectivo. El dolor emocional suele ser peor que el físico justamente porque no se trata de una enfermedad. Pincha más un corazón roto 💔 que un hueso roto (y el que lo probó lo sabe)
Pero son muy pocos los que se atreven a encarar al Golg de la psiquiatría y al Magog de la psicología para señalar que el rey está desnudo (desnudo… y bailando drogado en un aquelarre zombie)
Parece como dejar desasistidos a los “enfermos” aunque es justo lo contrario: empezar a tratarlos con respeto y disgnidad, no como a “tontos”, “locos” o “enfermos mentales”, sino como a los adultos responsables que quieren ser, sin ese tufillo de superioridad paternalista.
Algunos de mis pacientes alucinan con esto. Pero una vez superado el shock inicial, resulta liberador. Porque aceptar que no existe la enfermedad mental y afrontar la realidad que se esconde detrás es la condición si ne qua non para “sanar”. Aunque, como con cualquier prejuicio, cueste un poco deshacerse de él.
La “enfermedad” o “el trastorno” son las máscaras de una grotesca fiesta de disfraces, fantasmas que solo sirven para ocultar la realidad. Si los invocas parecen
muy sólidos y asustan mucho, pero si los confrontas sin miedo, descubrirás que solo son un espejismo que desaparecerá detrás de una cortina de humo y efectos especiales.
Entonces, ¿que son y cómo se cura?
Lo que llaman enfermedad mental suele ser el intento (inconsciente) de no asumir algún aspecto de la realidad, ya que, por el motivo que sea, no podemos o no sabemos hacernos cargo de nosotros mismos, de nuestro mundo o de nuestro universo psicológico. Es decir, no queremos o no sabemos gestionar nuestra responsabilidad adulta. Y “usamos” la “patología” para echar el balón fuera. Por supuesto de manera más o menos inconsciente, no digo que se haga adrede.
Lo que se esconde bajo un enfermo mental es un niño herido (o consentido) que no ha podido madurar emocional y afectivamente en algún aspecto de su personalidad.
Muy posiblemente esto pasó porque sus padres no supieron o no pudieron enseñarle cómo. Su infancia se quedó coja de una pata o de otra, siente como si la realidad le debiera algo o como si fuera él el que debe algo a la realidad (o ambas cosas). Y en medio de esta ambivalencia, la enfermedad es una enorme pataleta inconsciente.

Hablando ahora del título Rafa nos explica lo siguiente…
Osea que las enfermedades mentales no existen, son los padres.
Ojo 👀 tampoco quiero decir en absoluto que sea culpa de los padres. No es tan fácil. Seguramente ellos también estén inmaduros, ya que vivimos en el más infantil de los mundos posibles.
Como Sócrates ya sabía, una terapia que de verdad funcione es un camino de autoconocimiento, maduración y crecimiento personal; una búsqueda sincera de la propia autenticidad. Y eso pasa, sí o sí, por un firme compromiso con la verdad.
Cualquier terapia o terapeuta puede ayudar si la persona de verdad quiere cambiar. Si alguien decide en serio dejar de fumar puede venirle bien un libro, un psicólogo o los parches de nicotina. Si otro, en realidad no quiere dejarlo, ya puede ir al mejor terapeuta del mundo, masticar una tonelada de chicles y leerse una biblioteca que seguirá fumando como un carretero mientras se queja de lo malos que son los psicólogos en los que se ha gastado una fortuna, que mejor podía haber invertido en cigarrillos y bombonas de oxígeno.
Es muy difícil soportar un agujero de sentido en el tejido de la realidad. Esa es la definición misma de angustia. Y comprendo que intentemos coser la rasgadura, rellenar el hueco con un tecnicismo, para conjurar esa angustia o terror vacui. Eso nos conferirá una gratificante (y falsa) sensación de control.
No importa que el tecnicismo en cuestión (depresión, ansiedad…) no signifique nada, el efecto será el mismo. La gente se relajará pensando que por ahí hay especialistas o expertos que sí saben de lo que se trata y que, de alguna manera (más o menos mágica) pueden manejar la situación. Y los expertos encantados con la farsa.
Pero, en realidad, detrás del diagnóstico no se esconde más que la sonrisa siniestra de la calavera. Todo es una mentira, una mascarada, un funesto baile de disfraces.
Con el diagnóstico volvemos a tenerlo todo en orden, las cosas vuelven a su lugar. El fantasma está encerrado y controlado. Hemos exorcizado la locura. Ya no nos asustará más.
En cuanto te acerques a mirarlas, las enfermedades mentales se desvanecen en el aire. Son fantasmas en toda regla.
Yo he enfocado toda mi vida en intentar ayudar a los que sufren (y aprender de ellos).
Y precisamente por eso, se – y lo sé a ciencia cierta- que mi actividad no es sanitaria.
Es más que eso.
Muchisimo más.
A falta de algo mejor llamemosla humana. La más humana de las actividades humanas, porque los terapeutas no tratamos una única esfera de la persona (la salud y la enfermedad) sino a la persona total, entera y verdadera.
No tratamos partes (cuerpos, cerebros, mentes, conductas, complejos inconscientes…), sino totalidades: a ti y a mi, personas únicas, completas e irrepetibles.
Y precisamente porque tratamos con todos y no con partes, tenemos que ponerlo todo de nuestra parte. La terapia solo puede ser de tú a tú, de totalidad a totalidad, de humano a humano. Que a alguien se le muera un ser querido o que le toque vivir una guerra no es un trastorno de la personalidad ni una enfermedad pero es sin duda más doloroso que la gran mayoría de las enfermedades.
Y es más doloroso justamente porque no es una enfermedad sino algo mucho más grande, algo que pone en juego todo lo que somos, algo que tiene que ver con la condición humana misma, algo que nos interpela y nos cuestiona lo más propio, algo que pone en jaque el sentido último de nuestras vidas
Y eso no tiene que ver ni con el cuerpo, ni con el cerebro, ni con las conductas, ni con la diosa serotonina. Tiene que ver con lo más importante: con nosotros mismos y el significado de nuestro paso por esa tierra.

Lo que importa no es la enfermedad, o la conducta, o el inconsciente (que también), sino la forma en que le damos sentido a todo eso. Y el sentido es la forma en que la parte engarza en el todo.
O sea, que lo que importa es el todo y no la parte.
Precisamente por eso el dolor psicológico es el peor que hay, porque no te duele una parte.
Te duele todo.
Este es el primer post que hace referencia a Rafa Millán, ya que por su formación maneja una información exquisita y tiene muchísima experiencia como psicólogo.

Y por último os invito a suscribiros al blog gpsbipolar y a seguirnos en el canal de YouTube gpsbipolar.
Gracias por acompañarnos en esta bonita aventura

Nos vemos en el siguiente post.

Gracias Gracias Gracias

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