DESPERTANDO EL DON BIPOLAR

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El post de hoy está escrito con palabras de uno de mis referentes del mundo de la bipolaridad,  Eduardo H.Grecco.  Su libro, “La Bipolaridad como Don”, es uno de los grandes tesoros de mi vida… Aquí tenéis parte  del prefacio y su introducción.

“Aunque el autor nos advierte que su concepto de bipolaridad no equivale al de los clásicos de la Psiquiatría, yo diría que más bien lo incluye y lo transciende, en la medida en que toma en cuenta la oscilación bipolar no solo como un gran padecimiento, sino también como una palanca de crecimiento y creatividad para el desarrollo del sujeto que la vive.
Escribir en un tono positivo sobre un cuadro que está sellado y marcado con la cruz de la pena, la oscuridad y la desgracia, es motivo de una reflexión sobre la forma de entender y abordar las psicopatologías, casi siempre enmarcadas en la desventaja y la descalificación.
Así pues, hay que tolerar la tristeza y aceptar la alegría, ya que tienen su propio ritmo de expresión, y siempre y cuando no se permanezca en los extremos, son un don que a través de este libro el lector podrá descubrir.
Nota preliminar:
La bipolaridad no es una enfermedad, por lo menos en el sentido de ser algo negativo, un mal que es necesario suprimir o un castigo que hay que soportar. Por el contrario, es una conducta plena de sentido, fruto de una creencia equivocada, una condición autoinducida en la cual se permanece atrapado, pero que es posible dejar atrás.
Ocurre algo curioso con las creencias: funcionan como automatismos, como supuestos que se dan por hechos y sobre los cuales ya no nos interrogamos ni reflexionamos. De modo que se convierten en puntos de vista sobre la realidad que no admiten discusión. Pero para superar un problema hay que buscar soluciones diferentes, cambiar la mirada con la cual se intenta resolverlo y no insistir por los mismos caminos que no han dado resultado.

Muchas veces, ante una dolencia se pone en marcha un mecanismo de compensación que hace que el individuo responda creativamente.
Oliver Sacks

Quisiera compartir en este libro, mi experiencia terapéutica y personal y transmitir un mensaje optimista sobre la bipolaridad.
El primer paso que tenemos que dar juntos, es abandonar la concepción fatalista de la bipolaridad.
La bipolaridad es solo un problema de salud, como lo es una gripe o un resfriado. No es una condena, ni una condición irreversible, ni un destino irrevocable, ni una atrofia de la personalidad. Cuando se avanza en esta dirección y desdramatizamos el padecer bipolar, ocurre que podemos comenzar a verlo como lo que realmente es y así podemos transmitir a los pacientes una más correcta y objetiva perspectiva sobre su afección.
El segundo paso consiste en considerar que la persona bipolar muestra, por medio de sus síntomas, la máscara de una potencialidad mal utilizada que, cuando logra ser canalizada adecuadamente, se transforma en fuerza creativa.
El “subibaja” afectivo, que los especialistas denominan bipolaridad, resulta ser la amplificación, a niveles crónicamente exagerados, de una capacidad del espíritu del hombre. De modo que, al investigar su naturaleza, estamos profundizando en el entendimiento de los repliegues del psiquismo humano.
Por otra parte, al poner el énfasis más en la virtud que EN  un síntoma señala que hay que desarrollar, y no tanto en la falla que hay que erradicar, nos colocamos en una perspectiva terapéutica mucho más cercana para la cura de este padecimiento y de la posibilidad de pensar que todo malestar tiene un significado en el proceso de evolución del alma.
Existe hoy una gran preocupación por la bipolaridad. Interés que ha nacido en los últimos años, promovido por su crecimiento estadístico pero, también, por la dedicación a su estudio por parte de profesionales de las diferentes áreas de la salud. Así, distintos especialistas bucean en su etiología, en sus manifestaciones y en su dinámica, tratando de generar nuevos tratamientos y espacios de reflexión sobre los caminos de su prevención y su cura.
Como ha ocurrido con otras enfermedades, los pacientes hemos sido activos colaboradores de esta nueva situación, ya que sus demandas de cura los han colocado en el lugar de ser motores importantes en la búsqueda de respuestas a sus padecimientos.
Sin embargo, estamos en un punto donde parece que el progreso en la comprensión de la dinámica y de la cura de la bipolaridad se ha estancado. Tal bloqueo deviene, posiblemente, del hecho de que estemos entendiendo inadecuadamente el problema bipolar.
Los puntos de partida actuales se basan en las preguntas: ¿Que hacer para detener la oscilación? ¿Cómo estabilizar al paciente? Pero, ¿son correctas estas preguntas? Tengo la percepción de que, por lo menos, son insuficientes. Si queremos saber más sobre la bipolaridad, debemos cambiar más las preguntas que nos hacemos sobre ella.
Para esto es necesario tener en cuenta dos principios muy generales:
La bipolaridad no será superada mediante la lucha directa contra ella, sino sustituyéndola por un bien opuesto y realizando el aprendizaje de la gestión de los dones que expresan los síntomas de cada individuo en particular, y no será derrotada por medios exteriores a la persona, sino convocando la fuerza autocurativa que yace dormida dentro de ella.
Espero que los terapeutas que reciben en su consulta a pacientes con trastornos bipolares y los acompañan en el proceso de su recuperación, reflexionen sobre su práctica y amplíen su actual visión sobre las herramientas con las que pueden contar para transmutar un dolor en el descubrimiento de un universo de posibilidades.
Descubrir junto con el paciente con trastorno bipolar que ese universo suyo lleno de creatividad latente -tal vez aún ahogado e inexplorado dentro de su padecer- es posible de alumbrar y desarrollar con alegría, mientras él intenta renacer paulatinamente al mundo de la salud física, mental y espiritual, donde quizás, por ese milagro que es el amor, haya unos brazos amantes para recibirlo.
También deseo señalar que la cuestión fundamental que se nos plantea a los terapeutas no es sólo el diagnóstico y tratamiento de la bipolaridad que padece una persona, sino considerar sobre todo quien es la persona que ha sucumbido a la bipolaridad.
La bipolaridad es un camino y trasmite una enseñanza. La tierra es una escuela y estamos en la vida para aprender y, muchas veces, el dolor es el maestro que nos hace darnos cuenta de aquello que debemos conocer. Pero, que el dolor tenga esta función en nuestra vida no significa que debemos permanecer en él, pues al fin de cuentas hemos venido aquí a ser felices.
Vale la pena recordar que tanto la manía como la melancolía son los extremos afectivos que implican grandes riesgos para quienes la padecen. De modo tal que es conveniente tener una visión adecuada en estos casos para evitar males mayores.

 

Para terminar el post quiero agradecer a Eduardo su dedicación al trastorno bipolar y a esa nueva mirada…

Comentario del dibujo:

En este caso, Julen ha realizado un retrato de Beethoven, uno de los grandes genios de la historia y como otros muchos, una persona diagnosticada de bipolaridad…

Y si, como dice Eduardo Grecco  realmente tenemos una semilla en nuestro interior, que bien dirigida puede ser algo maravilloso por descubrir, en gpsbipolar.com tenemos multitud de herramientas para llevar a cabo este proceso de trasformación.

Yo personalmente os puedo decir que desde que me he abierto a este tipo de información y perspectiva soy cada día más feliz y tengo una mente más ecuánime y estable… casualidad?

Aquí os dejo un linck que me apasiona ver de vez en cuando para inspirarme de los grandes genios de la historia… bipolares, entre el genio y la locura.

 

Gracias por leerme hasta el final, no os perdáis el siguiente post.

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