BIPOLARIDAD, UN PUNTO DE INFLEXIÓN

globo

 

Allá por el 2005 a la edad de 25 años, me diagnosticaron una depresión grave después de llevar una buena temporada sintiéndome fatal. Esto fue un punto clave en mi vida, ya que me vi tocando fondo y sin poder salir de esa situación durante los tres años siguientes. El aprendizaje y la conclusión a la que llegué después de pasar por aquella tortura, fue que todas las dificultades traen escondidas una gran bendición y si somos capaces de aprovecharlas, contienen la semilla de algo grandioso para nosotros.
Cuando uno cree en la suerte, la atención se centra fuera de sí mismo y por lo tanto, no tiene responsabilidad sobre lo que le sucede, pero tampoco tiene el control de sus circunstancias. Es como un globo al viento…
Pero cuando uno es responsable, se da cuenta de que todos los efectos que ve en su vida (su nivel económico, sus relaciones, su salud, etc.) han sido engendrados por unas causas, a veces obvias, a veces invisibles a los sentidos.
Eso me preguntaba una y otra vez durante esa interminable depresión, ¿cómo he llegado a esta situación?… y mi recomendación es que no dejes de preguntártelo hasta que halles la respuesta…
Cuando busqué las causas que generaron mi depresión, tuve que remontarme a bastantes años atrás. Mis padres se habían separado cuando yo tenía 5 años, por lo que podría decirse que aunque en aquél momento yo no mostré mi dolor, aquello forjó una huella en mi sistema nervioso el cual  se estaba desarrollando en aquellos momentos.

Tras la separación de mis padres, mi madre y yo nos volvimos a Donostia a comenzar una nueva vida al lado de nuestra familia materna. Yo no entendía nada. Me culpaba a mí, a mis padres, a la vida, a Dios por aquella situación. ¿Por qué me sucedía a mí? ¿Porque a mis amigos les iba todo bien y yo no podía disfrutar como todos ellos de tener una familia “normal”? ¿Porque a mí? No entendía porque a las buenas personas les suceden esas cosas. No era justo!
Aquella situación fue tan dolorosa que sembró una semilla que trajo consigo frutos de maldición. .Una depresión que casi  me cuesta la vida.
Pero también trajo consigo la semilla de mi mayor bendición. Y puedo decir que hoy en día tú estás leyendo este blog porque cuando tenía 15 o 16 años, sufrí una inseguridad tan grande hacia mi futuro que tome la decisión de no dejar más mi vida en manos del destino. Aquel día tome la decisión de que iba a convertirme en la arquitecta de mi destino. Me comprometí a crear felicidad en mi vida y en la de mi familia. No sabía cómo, pero sabía el qué (felicidad) Y también sabía mis razones (yo misma, mis padres y mi familia más cercana). En ese punto, empezó mi predisposición para volverme imparable. Sin embargo, faltaba un ingrediente más para lograrlo. No bastaba con querer algo y tener suficientes razones para lograrlo. También necesitaba que la situación que no quería vivir durara y me doliera lo suficiente para pasar a la acción. A menudo, necesitamos un golpe del destino para reaccionar
Al llegar el diagnóstico de mi depresión llegó con ella mi relación con los distintos terapeutas  que me han acompañado en mi camino personal. Y después de superar esa interminable depresión de tres años, llegó un periodo de dicha y felicidad, que al tiempo, en el 2010 se vio truncado por distintos picos eufóricos.
Así que de nuevo a aprender de esos estados mentales tan extremos con los que tenemos que lidiar las personas que sufrimos este trastorno.
Durante todos estos años he leído incalculables libros de crecimiento personal, de distintas terapias y de física cuántica entre otros temas similares. Como he citado en otros post, he tocado y continuo tocando multitud de puertas en busca de la tan ansiada felicidad. Sin duda que esto ha marcado una gran diferencia en mi vida, pues somos transformados por la renovación de nuestras mentes, y todas estas lecturas y terapias han llenado mi mente de nuevas referencias y han ido abriendo en cada momento nuevos campos de posibilidades en mi vida.
Como leer me había ayudado tanto, me prometí a mí mismo que un día escribiría un libro o un blog que ayudaría a millones de personas. Así que como lo prometido es deuda, aquí estoy haciendo mi sueño realidad… ahora solo faltan esos millones de personas que espero que lleguen con el tiempo y la dedicación suficiente.
A pesar de tener claridad, y saber por qué iba a escribir un blog, nunca encontraba el momento perfecto. Siempre ocurría algo que dilataba la escritura. Cuando no era un entrenamiento (ya que yo he sido nadadora) era un examen y cuando no un chico que me gustaba. Siempre ocurría algo que me impedía escribir, y el resultado siempre era  el mismo, mi sueño nunca se cumplía.
Pasaron los años, y seguía sin encontrar el momento adecuado, hasta qué…
una tarde después de salir de trabajar, llame a mi pareja para ver qué iba hacer esta tarde. Él me dijo que estaba liado ya que tenía cosas que hacer, y yo le dije que le iba llamar a mi amiga Esther con la que compartía gran parte de mi vida además de un diagnóstico similar. Entonces al nombrar a Esther él cambió el tono de voz, y me dijo que había pasado algo muy grave. Yo había hablado con Esther a las 14:00h y todo estaba en orden. Pero tal y como es mi pareja, tan positivo, el hecho de escuchar de su boca decirme que había pasado algo muy grave con Esther, me hizo entrever que las cosas se habían complicado considerablemente.

Esther había tomado la fatídica decisión de quitarse la vida y lo había llevado a la práctica. Al principio no me lo podía creer, ¿cómo podía ser si había estado hablando con ella hacía unas horas? Arranqué a llorar. Corriendo llamé a mis padres para contarles lo sucedido.

Este hecho ha cambiado mi vida por completo. Sentí tan cerca la muerte, comprendí que en vez de ella podía haber sido yo, que era el momento de poner en marcha todas y cada una de mis herramientas internas y externas, de sacar fuerzas de flaqueza y de  darle un giro a mi vida de 180º.
Yo por aquellas fechas sufría mi segunda depresión grave, en la cual llevaba dos años inmersa y era incapaz de salir ni con medicación ni con ayuda de mi entorno ni nada de nada. Mi cabeza daba vueltas confundida, preguntándose una y otra vez las mismas preguntas que le llevaba a las mismas respuestas. El dolor era insoportable.
Al día siguiente, tome la firme determinación de que iba a estar bien, de que iba a salir de la depresión en la que me encontrara costara lo que costara y que iba a invertir mi vida en ayudar a personas que sufrieran de trastornos mentales y fundamentalmente de bipolaridad. Para eso era necesario conocer mi mente mejor que mis  terapeutas, que los psiquiatras, Y también debía escribir un blog para que llegara a las personas y pudieran beneficiarse de ese trabajo.
Con todo esto que comparto contigo en este blog quiero que te tomes en serio tu situación y que contestes a estas preguntas…
¿Cuál es tu bendición disfrazada?
Piensa en eso…
¿Qué desafío hay en tu vida que podría contener la semilla de tu mayor bendición, si fueras capaz de darle un nuevo significado y aprovecharlo a tu favor?
Y ¿qué nuevas alturas alcanzarías si lo pusieras en práctica?
Ese día convertí mi mayor dolor en mi mayor bendición. De pronto conecte con la insatisfacción de mi infancia, viendo a mis padres sufrir, mi trastorno, mi soledad, mis dudas, mi depresión, la muerte de mi mejor amiga. Transforme esa insatisfacción en pura inspiración que me impulsó a actuar. Aquel día ya no tenía excusas. Ya no dilate más el momento. Mi momento fue AHORA.
El punto clave para dejar el camino del sufrimiento y tomar el camino de la sanación es: La capacidad de convertir tu mayor dolor en tu mayor bendición.
De pronto, no lograr mis sueños me produjo un inmenso dolor. Llevaba tanto tiempo actuando de manera mecánica y satisfaciendo las necesidades de los demás, que me había olvidado de la persona más importante a quien tenía que ayudar: a mí misma.
Aquel día aprendí a amarme a mí misma primero. Entendí que no podemos entregar al mundo lo que no tenemos. Esther me enseñó que solo tenemos una vida y que tenemos que crearla a imagen y semejanza de lo que queremos vivir si no queremos terminar tomando una mala decisión. En ese instante, me prometí a mí misma que tenía que ser mi mejor versión si quería realmente ayudar a los demás. Y que no iba a poder ser fuente de inspiración ni bendición para nadie si yo no estaba feliz, contenta y estable durante un tiempo prolongado.
Hay dos tipos de dolor: uno es el que te hace daño, el otro es el que te cambia.
Laín García Calvo

Ese dolor me llevó a salir de mi depresión la cual parecía que no iba a pasar nunca. Para poder ayudar a los míos y a todas las personas con las que entrará en contacto, aprendí que de una misma fuente no pueden brotar dos aguas. Que una fuente de aguas contaminadas, contamina a todo aquel que bebe de ella; pero que si se convertía en una fuente de agua pura, bendeciría a todo aquel que bebiera de mí. Ese día aprendí a transformar el dolor en mi aliado, aprendí que el dolor era el punto clave para cambiar mi vida y como en el caso de los fracasos, en lugar de evitarlos, los abrazaba. Recuerda que todo lo que resistes, persiste.
Creo que todos tenemos un diamante en nuestro interior que solo necesitamos pulir. Un diamante es una roca de carbono, sometida a mucha presión, y esta cambia la mecánica del carbono, convirtiéndolo en una piedra preciosa. El dolor es la presión que pule nuestro diamante.
El diamante simboliza en nuestra vida el valor de cumplir nuestros sueños. Todo el mundo tiene la potencialidad de convertirse en diamante, pero no todo el mundo soportará la presión. Cada dificultad, cada dolor, cada sufrimiento son esa presión que necesitas para convertirte en diamante. Y donde la mayoría abandona o da la vuelta, el ganador sigue adelante, aprovecha el dolor para avanzar con más fuerza, y cambiar la bioquímica de su mente, de sus emociones y de su cuerpo para convertirse en la mejor versión de sí mismo de todos los tiempos.
Querido amigo, todo lo que hacemos en nuestra vida es para evitar lo que nos duele y acercarnos a lo que nos gusta. Éstas son las mayores fuerzas del ser humano. Asociamos dolor a lo que no nos gusta y tratamos de evitarlo. Pero también asociamos placer a lo que nos gusta y tratamos de obtenerlo. Piensa en alguna situación en la que te sentiste extremadamente motivado por alcanzar algo. Tan motivado que estabas totalmente dispuesto a hacer lo que fuera necesario, pues no lograrlo te produciría un inmenso dolor.
Nuestro cerebro es un perfecto mecanismo que evalúa en todo momento estas dos posibilidades. Piensa en algún momento en que decidiste postergar las cosas. Lo pospusiste porque emprender aquella acción te provocaba dolor inmediato, o quizás te fastidiaba o simplemente tenías miedo a las consecuencias.
Pero, cuando las consecuencias de no hacerlo son mayores a las de hacerlo, entonces nos ponemos en acción.
¿Cuándo estudiamos para un examen? Dejamos de estudiar y posponemos esa acción, hasta que se acerca el día del examen y no hacerlo, supondría suspenderlo. La idea de suspender nos provoca más dolor que el hecho de ponernos a estudiar e inmediatamente tomamos la decisión de hacerlo.
A corto plazo, el dolor es un factor de motivación mucho más poderoso que el placer. El desafío es que estamos dispuestos a hacer mucho más para salir de un problema que para mejorar una condición de nuestra vida y cumplir con nuestros sueños. Las personas están esperando a que el dolor sea suficientemente grande como para obligarlas a actuar. Teniendo en cuenta este análisis, te has planteado alguna vez que tu desequilibrio emocional tal vez sea la consecuencia de no dirigirte a aquello que has venido a  hacer en la vida, aquello que te hace feliz, que has postergado eternamente, y este trastorno es el estímulo que necesitabas para salir de tu zona de confort? 
Tu cuerpo desata tu habilidad intrínseca, tu poder y fuerza cuando asocias dolor a la situación que quieres evitar y asocias placer al sueño que quieres alcanzar.
Cuando ves a gente sin resultados positivos, observas este mecanismo en ellos y te das cuenta que lo tienen invertido. Soportan perder. Están acostumbrados a no cumplir sus expectativas y sueños. Son aquellos que prefieren no tener expectativas para no desilusionarse.
Ya se rindieron. Lo justifican diciendo que “es lo que hay”. Porque tener que cambiar o pagar el precio para obtener los resultados, les duele más que el hecho de no tener lo que desean. Simplemente se conforman, son conformistas y viven una vida a medias.
“Solo aquellos árboles cuyas raíces han tocado al infierno pueden crecer hasta el cielo”. C.G.Jung
Muchas personas dejan en manos del destino los resultados que obtienen en la vida. Tienen sus propios esquemas mentales y sus mecanismos de
placer-dolor están preparados para tener siempre los mismos resultados.
¿Y si resulta que tu mayor obstáculo es el puente hacia tus sueños? ¿Y si no se trata de eliminar el dolor y el sufrimiento, sino de aprovecharlo? ¿Y si la bipolaridad ha venido a mostrarte algo?
Piensa por un momento todos esos momentos de dolor en tu vida. Aquellos instantes en que parecía que todo se desmoronaba a tu alrededor. Aquellos momentos en los que estabas vacío, te sentiste humillado, ninguneado, rebajado, insultado. En aquellos momentos en que por instantes perdiste tu dignidad y te creíste inferior a los demás. Momentos en que fuiste ridiculizado y parecía que todo estaba en tu contra. El punto en que no lograbas obtener los resultados deseados. ¿No te ha dolido lo suficiente como para reaccionar e intentar no volver a vivir esa situación? ¿Y si pudieras transformar tu dolor en tu mayor bendición? La buena noticia es que siendo inteligentes, podemos usar ese dolor para ayudarnos a generar esa motivación y tomar las decisiones oportunas para generar esos cambios que nos hagan progresar en la vida. Podemos asociar el dolor a la situación que queremos cambiar y el placer aquello que queremos conseguir.
Aquello que quieres cambiar en tu vida, es evidente que trae consecuencias positivas para ti, de otro modo ni te lo plantearías, no lo desearías. Pero el coste por hacerlo a corto plazo te produce dolor en comparación con el placer que te daría a largo plazo, por eso lo postergas.
Podemos lograrlo invirtiendo estos papeles. Provocando mucho dolor al hecho de no hacerlo y mucho placer al hecho de si hacerlo. Piensa en todas las consecuencias negativas que tendría el hecho de no tomar esa decisión y en todo lo bueno que tendrías si lo hicieras. Luego intensifica el dolor y amplifica el placer. Ancla esas sensaciones en tu sistema nervioso, él se encargará de guiarte de forma subconsciente evitando lo que no deseas y acercándote a tus sueños.
Contesta a las siguientes preguntas:
¿Qué te costaría no tomar esa decisión o seguir postergándola? ¿A qué tendrías que renunciar? ¿Qué podrías perder? ¿Cómo te haría sentir? ¿Cuáles son las peores consecuencias a las que te podría llevar el hecho de no decidir? Además de a ti, ¿a quién más afectaría negativamente el hecho de que tú no decidas?
Muchas personas no se dan cuenta que, si no toman la decisión de ser su mejor versión e intentan tomar el camino del conocimiento interior y la felicidad verdadera, entonces es cuestión de tiempo de que terminen amargados y tomando una mala decisión como la que tomó Esther, o viviendo una mala experiencia tras otras en un futuro no muy lejano. Y si uno está amargado, amarga todo lo que toca… ¿sí o sí? Por lo tanto, no solo tendrás una vida amargada sino que le amargarás la vida a cualquiera que tengas a tu lado, porque no estarás siendo quien realmente eres y no serás feliz. Las personas que te quieren y te apoyan, se merecen que seas la mejor versión de ti mism@.
Es tiempo de acercarnos al placer. Piensa en aquello que amas, lo que quieres lograr, contesta ahora lo siguiente:
¿Qué beneficios obtendrás si decides tomar esa decisión y actuar en consecuencia? ¿Cómo te hará sentir? ¿Cómo mejorará tu vida? ¿Cómo afectará positivamente a las personas que amas? ¿Qué obtendrás que ahora no tengas? ¿Qué podrás hacer que ahora no puedes? ¿Cómo cambiaría tu vida para bien?
Todo fracaso es una oportunidad para empezar de nuevo con más inteligencia.
Henry Ford

Ya tienes claridad!!!
Enhorabuena! Ya tienes un final feliz. Esta es tu declaración de intenciones. Aquí es donde te diriges. Ya has conectado con tu poder personal que te obliga a actuar, porque conoces las consecuencias desastrosas de no hacerlo. Ese es tu punto de quiebre donde todo se transforma.
El siguiente paso es empezar. Toda maratón comienza con un paso. Una verdadera decisión la distingues del resto porque va acompañada de una acción precisa en la dirección adecuada. Haz algo, aunque sea pequeño, que te dirija hacia lo que quieres, que atraviese la barrera del miedo y de la incomodidad.
Tu actitud mental determina tu vida, puedes lograr lo que quieras si tomas una verdadera decisión y estás dispuesto a pagar el precio.
Convertir el dolor en una insatisfacción inspiradora que te impulse a la acción y por tanto al cambio, es el punto clave para dar el paso y mantenerte firme en tu decisión con la convicción de que lo lograrás.
Cuando la insatisfacción provocada por el dolor llega a su punto de umbral (el umbral es el punto máximo que estás dispuesto a tolerar), entonces activamos nuestro poder personal que nos lleva a tomar acciones distintas con un claro objetivo: salir de donde estamos que nos provoca dolor y acercarnos a donde nos gustaría, a esa situación que nos dará placer. En este punto rompemos con la inercia antigua y entonces, a partir de las experiencias nuevas y continuadas, llegamos al conocimiento de cómo lograrlo, y cuando tenemos el conocimiento correcto y lo aplicamos en acciones concretas, conseguimos los resultados deseados. En ese momento creamos una nueva inercia en nuestra vida. Si continuamos con ella una y otra vez, llegamos al Momentum.
El Momentum es el punto en que todo va encarrilado hacia tu felicidad y equilibrio. Ya no tienes que esforzarte, pues ya tienes los patrones mentales, emocionales y de comportamiento integrados. Creaste los hábitos adecuados y cuando llegas al Momentum, tu éxito ya se vuelve inevitable. El Momentum es la inercia hacia los resultados que deseas.
Todos los progresos del mundo en todos los campos de actividad, fueron generados por una insatisfacción de un individuo o colectivo, que les impulsó a tomar acción y romper con el patrón establecido. Nunca fueron obras motivadas por personas satisfechas, porque la insatisfacción asociada al dolor es la fuerza motriz que mueve a las personas a tomar decisiones distintas. Piensa en cómo podría traducirse esto en tu vida actual. ¿Estás tolerando más de lo que deberías?

Vamos a utilizar el punto clave para asegurarnos de que te mantendrás firme en tu decisión. Escribe qué dolor ya no soportas más, y escribe y visualiza al punto que quieres llegar.
Ahora utiliza el punto clave y asocia mucho dolor al hecho de no lograrlo.

 

Bueno… aquí te dejo poniendo en práctica  esta potente herramienta que es el dolor-placer…

 

Si la pones en práctica compártela conmigo y con los demás lectores del blogs.

Comparte si te ha gustado y crees que esta información le podría ser útil a otras personas.

 

Comentario del dibujo:

En esta ocasión Julen nos ha dibujado la analogía un globo a merced del viento. Si no tomas las riendas de tu vida y te diriges a lo que realmente quieres vivir, vivirás la vida que otros quieres que vivas y serás dirigido por las circunstancias externas.

Date cuenta que tú eres el único que puede dirigir tu vida y que esta te pertenece, dirígete y no esperes a que llegue la enfermedad y que sea demasiado tarde.

Es momento de pasar a la acción, aquí y ahora.

Gracias por leerme hasta el final… nos vemos en el siguiente post.

 

 

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